Juega, aprende y disfruta como un niño

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Niños jugando en un árbolHace unos meses vi un anuncio por la tele que me pareció, además de tierno, muy original, aunque ingenuo. En él, unos niños intentan convencer a sus padres de que deberían probar a jugar como lo hacen ellos. Finalmente, los padres se animan y descubren lo excitante que resulta la experiencia y lo disfrutan. Este anuncio hizo que me plantease una serie de preguntas acerca de la vida cotidiana adulta: la vida laboral, la vida familiar, la relación con los amigos o comunidad, las diferentes formas de divertirse, hacer ejercicio, auto realizarse, relajarse, etc. De todo ello saqué tres cosas en claro que podrían ayudarme y ayudar a otros: a) los adultos podemos seguir jugando a los juegos de niños. b) los juegos de niños jugados por adultos nos hacen vivir nuevas experiencias y, por tanto, seguir aprendiendo y c) los juegos de niños se convierten en un portal a mi infancia y me permiten disfrutar como un niño. De ahí «juega, aprende y disfruta como un niño».

No son pocos los estudios que han tratado de analizar los problemas más comunes llegada la edad adulta. El estrés, la ansiedad y la depresión son los principales trastornos que sufren todas aquellas personas que tienen responsabilidades propias de la edad: que si el trabajo me ahoga, que si los niños no me dejan ni un minuto de paz, que si mis padres quieren esto o aquello, que si apenas tengo vida social, que si no tengo tiempo o dinero para hacer ejercicio o desarrollar hobbies… Si a todo esto sumamos el hecho de que cada vez son más los casos clínicos de adultos con problemas psicosociales derivados de todas estas situaciones u otros factores externos, tenemos como resultado una población adulta desgastada, apagada y que se ve atrapada dentro de su propia existencia. Naturalizar estos problemas  y no buscar la ayuda necesaria, terminan creando individuos alienados y que se resignan a jugar las cartas que (ellos creen) les ha dado la vida.

Baile y danza alrededor de una personaLa mayoría de estudiosos y expertos, profesores, psicólogos, asesores, coinciden en que llevar una vida sana es la piedra angular para hallar la felicidad en la vida. Ya sabes: “Mens sana in corpore sano”. Eso supondría una buena dieta, algo de ejercicio y la dedicación  semanal de unas horas a nosotros mismos para gozar de una existencia equilibrada, tanto física como mental.

Todo esto podría llegar a convertirse en una utopía o incluso en una odisea si nos paramos a pensar en todo lo que sobrellevamos a diario. Tienes que buscar algo más simple en tu vida, algo más sencillo, algo primario, casi primitivo, que sientes que has perdido y que jamás volverás a recuperar. No es casual que, a medida que crecemos, oigamos a estudiantes añorando lo felices que eran estando en cursos inferiores: adolescentes que envidian la despreocupación de los niños que aún están en el colegio, universitarios que lo darían todo por volver al instituto, licenciados que buscan su primer trabajo y que venderían su alma al diablo por regresar a aquellos benditos y largos veranos de su infancia… Y la cosa no se detiene aquí, como ya habrás podido adivinar.

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Contesta y sé sincero: ¿No has deseado alguna vez tener una máquina del tiempo y volver a ser niño, o ser niño de nuevo con los conocimientos que tienes ahora como adulto? Bueno, ha llegado el momento de revelarte la verdad: EXISTE ESA MÁQUINA DEL TIEMPO. Se llama La Ciudad Esmeralda y la he concebido como terapia alternativa a las propuestas actuales para ocupar el tiempo de los adultos.  Sin saberlo, somos viajeros del tiempo: almacenamos nuestra vida entera en una especie de mochila o disco duro y, a veces, cuesta recordar dónde guardé esto o aquello. Ya sé que no puedo ser niño físicamente y además todo el mundo me va a seguir tratando y viendo como un adulto: mi cuerpo es una cárcel; pero mi mente… ¡mi mente vuela libre! Eso significa que puedo encontrar ahí dentro al niño que fui y darle la oportunidad de volver a reír, correr, saltar, cantar, gandulear, curiosear y lo más importante, JUGAR.

Los adultos tenemos ya nuestros propios juegos, adecuados a nuestra edad y que nos generan bienestar en nuestras vidas. Hablo de clases de yoga, bailes de salón, pintura, practicar cualquier deporte individual o en grupo, jugar con videojuegos, con naipes, al trivial, y otros más “picantones” que proporcionan otro tipo de placer y que te contaré cuando seas mayor ;). Todo eso está muy bien y, además, son actividades políticamente correctas y socialmente aceptadas. No por ello las rechazo, sino todo lo contrario. Me parece admirable que los adultos busquen sus momentos de esparcimiento y desconexión. Todo ello es total y perfectamente compatible con mi propuesta.

Mujer cohibidaLo que yo pretendo es darles una vuelta de tuerca a todos esos entretenimientos, terapias y vías de escape que nos “recetan” para desconectar del mundanal ruido, y propongo (mejor dicho) REIVINDICO los juegos de nuestra infancia para “desmontarnos” como adultos cuadriculados y volvernos a inventar como niños-adultos con la mentalidad curiosa, pícara, ingenua y dispuesta a investigar todos los mundos posibles de nuevo. Incluso es posible que recuperemos habilidades olvidadas y muy útiles para el día a día.

Pero, ¿por dónde empiezo?, ¿cuál sería el juego indicado para mí?, ¿no estaré haciendo el ridículo?,  ¿debo jugar solo, con más adultos o con mis hijos? No te preocupes por nada de eso pues, como detallaré a continuación, cada juego tiene sus características particulares, y sus objetivos suelen variar dependiendo de cada individuo o grupo de individuos. Lo que quiero es que recuperes el sentido creativo, el espíritu de lucha o de equipo; que crees y descubras estrategias, que ejercites tu cuerpo sin tabúes, que te relajes con cosas sencillas, que compartas y que te conozcas  mejor. Los mismos métodos lúdicos que ayudan a desarrollar la mente de un niño te liberarán de las cadenas acumuladas tras largos años de aprendizaje social.

Libro abrazando a una lectoraPor otro lado, he creído oportuno completar esta terapia con la literatura terapéutica: narraciones y películas encasilladas injustamente como literatura infantil. En mi opinión, existe una diferencia de peso entre Teo desayuna y El principito, con todos mis respetos hacia Teo, que enseñó a toda una generación de niños a leer y a desayunar. La popularmente considerada literatura infantil o cuentos de hadas o relatos para niños, normalmente encierran una serie de símbolos y alegorías que pueden ser leídas o interpretadas desde diferentes puntos de vista, dependiendo de los ojos que los miran: un niño o un adulto. No sin motivo estas obras han perdurado a través de los años y se han convertido en clásicos.

La lectura atenta y el reto de ir más allá del arcoíris, del lobo y de las princesas suponen un paso más hacia el autoconocimiento. A través de películas y relatos archiconocidos que siempre hemos creído “para niños” puedes descubrir un mundo adulto y oculto tras las hadas, duendes, caminitos y deseos. Si me lo permites, me gustaría enseñarte y revelarte secretos de los cuentos que solo un adulto sería capaz de entender y concebir, y que de seguro te sorprenderán. Leer es volar hacia el país de Nunca Jamás, caer por la madriguera del conejo para llegar al país de las maravillas o recorrer el camino de baldosas amarillas: te transportan de un mundo real a un mundo de fantasía.